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Que es el estrés?

¿Cómo reacciona cada persona al estrés?

Suele hablarse de estrés, cuando lo adecuado es hablar de "reacción al estrés". Porque estrés (del inglés stress) significa fuerza, peso,carga, exigencia, tensión (1). Y estas últimas son inherentes a la vida. Es más, necesitamos de ese estrés para nuestro diario vivir. Por lo tanto:

El estrés no es una enfermedad.

Es una "reacción normal, necesaria para el mantenimiento de la vida" frente a "desempeños extraordinarios" (1).

Perspectiva orgánica:

El proceso normal de la respuesta o reacción al estrés, involucra muchas hormonas. En aras de la brevedad, tenemos un eje "hipotálamo-hipófisis-suprarrenales". El hipotálamo libera un factor denominado CRH (factor de liberación de corticotrofina). Y dicho factor CRH, que también aumenta la presión arterial, la frecuencia cardíaca y las respuestas de comportamiento características del estrés, ese factor CRH actúará sobre la hipófisis o pituitaria. A su vez, la hipófisis segregará ACTH (o corticotrofina). Y la corticotrofina, por el torrente sanguíneo llegará a las Glándulas Suprarrenales (o adrenales). Con lo cual, la ACTH (estimulada por la hipófisis) estimulará a la corteza suprarrenal para que produzca corticoides (2).

Así, el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenales es vital. Porque la "supervivencia en condiciones adversas depende de este eje".... para que puedan producirse... "respuestas integradas al estrés" (2).

Además, la médula suprarrenal produce adrenalina. La cual influirá en el sistema simpático, en las respuestas metabólicas y en el estrés. Y a su vez, la secreción de adrenalina, se verá influída por la producción de cortisol (suprarrenales)" (2).

Tenemos, entonces, un eje Hipotálamo-Hipófisis-Suprarrenales. Gracias al cual, en condiciones normales, respondemos naturalmente al estrés..

Podemos decir que filogenéticamente, "la reacción al estrés, se desencadena como una respuesta inespecífica encaminada a proveer un plus de energía" para "compensar cualquier situación en la que el organismo se encuentre en peligro (temperaturas extremas, enfermedades, esfuerzos físicos, acciones de lucha o huída)". Pero "....el ser humano ostenta el ... privilegio de poder desencadenar la reacción de estrés, no solo ante peligros físicos reales...de la naturaleza.. sino que ... la pone en marcha frente a peligros de la vida civilizada" (1).

Hasta acá, podemos decir que ante vivencias peligrosas para nuestro equilibrio emocional, se reedita el mejor proceso orgánico que lo simboliza. Esto es, un plus de energía 'como si' estuviéramos ante un peligro de la naturaleza, de una selva. Se reedita una energía para sobrevivir.

Simultánea perspectiva psicológica:

En este sentido, el estrés no es una enfermedad. En condiciones normales, gracias a él nos preparamos para enfrentar las circunstancias vitales de nuestro cotidiano vivir. Lo que constituye una enfermedad es la "reacción personal", desproporcionada frente a tales situaciones. Porque no estamos en una selva. Pero tenemos esa sensación. Sentimos que todo es cuestión de supervivencia. Nuestras circunstancias, a cada rato, las vivimos como que requieren un desempeño mayor a lo habitual. Por ejemplo ante la concreción o fantasía de perder un empleo, ante momentos decisivos en la labor y estudios, frente a cuestiones matrimoniales, o cuando estamos inmersos en un profundo sentimiento de soledad, ante peripecias con los hijos, o quiebras financieras o temáticas bancarias, etc.

Como ya lo hemos descripto (1997) (3) en relación a profesionales de la salud frente a sustancias 'peligrosas' , nuestro organismo delata simultáneamente nuestras vivencias. No existe una 'causa-efecto-. Más bien, es una construcción que cada especialista de la salud realiza desde su territorio para explicar procesos. Pero estos procesos, en sí mismos, transcurren al mismo tiempo.

Estrés Laboral

En los últimos tiempos se ha puesto de moda hablar del mismo estrés en situaciones empresariales. Pero el trabajo o sostener una labor no es una enfermedad. Es probable que, para considerarlo como tal, además de las circunstancias socio-económico-políticas del lugar donde se vive, influya la fantasía universal de que en algún lugar debe existir una situación libre de tensiones. Equivalente a 'canilla libre'. De ahí que, frente a las dificultades, tienda a protestarse diciendo 'no es fácil', 'es difícil'. Por eso, le atribuimos a la labor o estudio una tensión que -en sí misma- no le pertenece. De hecho, muchas personas, ante la misma circunstancia, se posicionan de manera más eficaz. En este sentido, es nuestra actitud, nuestro vivenciar el que tiñe la situación como 'más estresante'. Somos nosotros los que 'reaccionamos frente al estrés' con nuestra 'manera' de sobrecargar las áreas importantes de nuestra vida.

Ahora bien, además, existe otro malentendido.

Suele creerse que las enfermedades por estrés son la hipertensión, infartos, trastornos gástricos, alimenticios, úlceras, jaquecas, depresiones, suicidios, etc. (1). O sea, sino todas, la mayoría.

A mi entender, lo anterior borra con el codo lo que escribió con la mano. Porque si lo adecuado es hablar de 'reacción al estrés', ello implica tener en cuenta la "reacción personal", de acuerdo a una historia afectiva y a los antecedentes de enfermedades familiares y propias. Por ej. habrá personas que reaccionan al estrés con un "estilo" cardíaco, hepático, tumoral, diversas adicciones, trastornos ginecológicos, etc.

De modo que, lo adecuado es considerar que:

El estrés es inherente a la vida. Lo patológico es nuestra manera de "reaccionar al estrés".

El proceso normal hipotálamo-hipófisis-suprarrenales, representa la faceta orgánica de la preparación psicológica para actuar o decidir -cotidianamente- sobre nuestras importancias (área laboral, afectiva, etc).

Las circunstancias externas despiertan nuestras importancias y conflictos (mandatos familiares, ambiciones excesivas, prejuicios, vivencias de humillación, inhibiciones nunca superadas, etc.)

Cada persona reacciona al estrés "a su manera" (por lo general, compartida por uno o varios miembros de la familia).

De modo que, frente a las mismas circunstancias que requieren mayor energía, cada persona se posiciona de manera diferente.

De acuerdo a la propia biografía en su conjunto (incluyendo naturalmente la historia de enfermedades propias y familiares), cada persona reaccionará "a su manera" frente al estrés inherente a las circunstancias.

En este sentido, el riesgo distraernos describiendo el -obviamente- contexto estresante. Y que se nos pase por alto cómo abordamos las importancias en juego en base a nuestra biografía total, actual y pasada. Si atendemos a la "manera de reaccionar" familiar y propia, si atamos cabos dándonos cuenta de proporciones y desproporciones entre nuestras reacciones y las circunstancias, podremos posicionarnos de manera más acertada frente a las circunstancias comunes a todas las personas.

Cuando nos centramos solo en el factor externo, y negamos o evitamos las importancias afectivas -personales- en juego, una enfermedad específica se arrogará la representación -simultánea- del conflicto que está impedido de manifestarse como tal. Entonces, ante las mismas circunstancias, una persona reaccionará sobrecargando la energía que la circunstancia requiere, con su 'manera' cardíaca, intestinal, jaquecosa, quística, etc.

Muchos son los factores personales que atentan contra la posibilidad de reaccionar adecuadamente al estrés implícito en cualquier concreción o impedimento. Estos factores personales, que sintéticamente denominamos 'debilidades', son los que estropean las fortalezas conocidas como talentos y capacidades. Ejemplo de los primeros son aquellas ambiciones a las que siempre parece subírseles el techo, vivir permanentemente entre extremos sentimientos de injusticia-justicia, dificultades para discernir qué proyectos son factibles de ser materializados y cuáles pueden ser utópicos. Están también las inhibiciones o postergaciones que afectan el sentimiento de dignidad o autoridad, los conflictos entre el área familiar y laboral, el vivir pendiente de mandatos familiares en detrimento de los propios objetivos o necesidades, los bloqueos para expresar cambios o sentimientos abiertamente, las dificultades en la concentración o para concretar, el desequilibrio entre nuestras expresiones sensibles y racionales, las fricciones emocionales ante hijos o equivalentes que refrescan la repetición de uno que otro libreto maternal o paternal, las fricciones en la pareja, etc.

Por todo lo anterior, entonces, es útil reformularse la manera personal de reaccionar ante las tensiones inherentes al diario vivir. Porque de no hacerlo, estos conflictos que naturalmente nos demandan en plus de energía, se expresarán en una enfermedad reiterada. Comprender el sentido específico de nuestra 'implosión' es una oportunidad para encarar los problemas como tales. Con mayor sabiduría de nuestra parte.

Aranovich Ricardo: Estrés, Depresión, Fatiga.. Edit. Puma. 2000

West J. B. Bases fisiológicas de la Práctica Médica. Best yTalor. Edit. Panamericana. 1987

Billiet L.E. S.I.D.A. A.I.D.S. Perspectivas Psicológicas e Inmunológicas. Reedición por HMRsystems Editorial Audio libros. ISBN 987 1094-00-0 2002

Artículo Publicado por: Lic. Laura E. Billiet y obtenido de la página web: http://ar.geocities.com/billietleb/STRESS.htm

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